La vieja democracia

16 03 2012

Nuestro sistema está basado en las teorías de ilustres ideólogos de hace más de 200 años. Es normal que nuestros valores y nuestro sistema estén en crisis.

Uno de los problemas fundamentales es que en los postulados de los “padres de la democracia moderna” no se incluye a un gran conjunto de la humanidad. Así, para Montesquieu o Rousseau, la humanidad está comprendida por varones blancos y burgueses (no comento nada de sexualidad porque eso estaba fuera de toda duda). Por lo tanto sus postulados no buscan la igualdad real sino que buscan eliminar los privilegios de la antigua élite medieval y aumentar el espectro de los privilegiados camuflándolo con la palabra democracia.

Los ideales en los que se basaban dichos cambios sí que hablaban de libertad, igualdad y fraternidad pero en la práctica sólo buscaban el empuje del pueblo para alcanzar sus propios objetivos y una vez conseguidos se desprendían de su carácter rebelde y se convertían en conservadores de un sistema que les favorecía. Sin embargo, en los siglos XIX y XX surgieron luchas de otros grupos que no estaban representados por el frente burgues,  como el movimiento obrero, feminista, por los derechos civiles y más recientemente la lucha por la libertad sexual. A todos estos grupos, excepto al obrero, se les ha denominado minorías. Es curioso que sea una minoría el conjunto de mujeres en las sociedades cuando representan aproximadamente a la mitad de un Estado. O la llamada minoría negra que en muchos estados norteamericanos supera a la mayoría blanca.

Entonces, ¿por qué se llama a estos amplios grupos minorías? El tema está en la lingüística, si se utilizan palabras para empequeñecer dichos movimientos, las personas, que tenemos un razonamiento abstracto, cuando oímos “la minoría feminista” proyectamos una imagen en nuestra cabeza de unas pocas mujeres luchando no sabemos muy bien porqué. No llegamos a la conclusión que, aunque sean pocas mujeres (y menos hombres) las que se movilizan, están luchando por la igualdad de hombres y mujeres y por lo tanto es un movimiento muy amplio de la sociedad por no decir total. Opino que un movimiento social no sólo esta formado por las personas activas sino que es el conjunto de todas las personas a las que le afecta la injusticia que se quiere cambiar.

El caso del movimiento obrero es diferente, realmente no entiendo muy bien porqué. Supongo que un factor importante sea que en el momento en que surgió y se desarrollo, era imposible parar a una masa que realmente en su mayoría empezaba a estar muy concienciada por la lucha de sus derechos, también supuso la primera oposición firme a la forma de vida burguesa y por lo tanto pilló a contrapié a los teóricos burgueses que todavía estaban luchando por su revolución o asentándose en el cargo. Otra razón, en la vida nunca hay sólo una razón para entender porqué suceden las cosas, sería que el sistema burgués está basado en un patrón económico al igual que el movimiento obrero, es decir, que hablan en los mismos términos, sin embargo, el resto de movimientos se mueven en términos diferentes y por lo tanto no son análogos.

El paso del tiempo ha puesto sobre el papel cierta igualdad de sexos, de razas, de identidad sexual… sin embargo, estos adelantos no se plasman de manera definitiva en la realidad. Las mujeres son minusvaloradas en muchos aspectos de la vida, siguen cobrando menos por el mismo trabajo (muchos economistas liberales ponen como excusa el riesgo del empresario a perder esfuerzo de su trabajadora si esta se quedase embarazada), todavía se consideran las tareas caseras como “sus labores”, el lenguaje (más allá de la tonta búsqueda de igualdad con el famoso os/as) es completamente machista. En el caso racial, existe un mismo patrón, la simple situación de ser de otra raza ya te convierte en inferior, se te va a mirar peor por ser negro, musulmán, del este de Europa, asiático… y no digamos de los homosexuales, bisexuales o transexuales.

¿Por qué se da esta situación? Yo opino que es por el hecho de que el prototipo de persona en occidente sigue siendo el de varón, blanco, heterosexual y con solvencia económica. Esto se debe a que fueron personas de este perfil los que iniciaron el paso del Antiguo Régimen a las democracias burguesas, fueron ellos los que empezaron a “cambiar las cosas”, los que alcanzaron el escalón más alto de la sociedad. Realmente no se diferencian mucho de los dirigentes del anterior sistema. La aristocracia, laica y eclesiástica, siempre fueron hombres blancos, con solvencia económica y supuestamente heterosexuales. Por lo tanto, no cambiaron mucho las cosas, tan sólo se llego a ampliar esta élite a personas con un perfil exacto pero que habían alcanzado su situación económica por otros medios.

Si buscamos analogías en la historia europea, tenemos que buscar en la Sempiterna Roma. El conflicto patricio-plebeyo que abarca toda la época de la res-Publica, acabo siendo la lucha de los “nuevos ricos” contra los antiguos privilegiados y acabo con la inclusión de los primeros en las capas altas de la sociedad, llegó un momento en que no hubo apenas diferencia entre los senatores y los equites. Por lo tanto la igualdad que pedían, al igual que la igualdad que se pedía en el siglo XIX en las revoluciones burguesas, no era más que la inclusión de este grupo en los estratos privilegiados.

Esta es la raíz de todos los problemas de convivencia que tenemos, que siguen siendo iguales que hace siglos con el modelado que la evolución de la sociedad le hace. Por lo tanto la solución pasa por iniciar una nueva visión del mundo, donde realmente todas las personas seamos iguales, y que todos alcancemos nuestra libertad por nuestros propios medios. Este último aspecto es importante; si yo no alcanzo la libertad por mi mismo sino porque terceras personas me la han otorgado, estaré siempre en una situación inferior hacia ellos tanto en mi intelecto como en el suyo aunque sobre el papel todos seamos iguales.

Ahora bien, ¿cómo se puede hacer posible esto? Obviamente no es sencillo. Primero hay que dejar de buscar la colaboración de las obtusas mentes que copan el poder, ellos no sienten la necesidad de cambiar porque se creen que la «igualdad» actual es efectiva, se han perdido en los papeles y no encuentran a los seres humanos. No creo que toda la membresía de las élites sean seres sin escrúpulos, buscando el mal del resto de mortales, simplemente son personas que sólo viven su vida, su alrededor cercano, son como caballos a los que les han puesto las antiojeras que les impide ver poco más allá que el camino que tienen delante.

Debemos también entender que las luchas individuales nos sirven para alcanzar el bien común y por si sólas no representan más que un grado ínfimo de lucha. Las luchas individuales pueden llegar a alcanzar la libertad personal pero nunca la igualdad. Por eso deben de ser replanteadas, no podemos esperar cambiar la sociedad intentando modificar sólo un aspecto de ésta, la que nos perjudica como individuos. Todas las luchas que busquen la igualdad deben apoyarse unas a otras y actuar juntas como un mismo cuerpo, donde cada órgano tiene su propia función pero todas buscan un objetivo común, el buen funcionamiento de este.